Un corazón detrás de una cámara
Agosto 22, 2008

AP Los fotógrafos de su época usaban el formato de 50 milímetros, pero Cartier-Bresson fue fiel a su Leica, una pequeña cámara que funciona en 35 milímetros
Ojear una publicación que recopile la obra fotográfica de Henri Cartier-Bresson es verle el rostro al siglo XX. Su lente capturó la Guerra Civil española, la China que recibió a Mao Zedong, la Segunda Guerra Mundial e incluso la mirada seductora de Marilyn Monroe.
Han transcurrido 100 años desde su nacimiento. Por ello, la fundación que lleva su nombre, que está ubicada en un antiguo taller de Montmartre, planea un homenaje para septiembre que incluye una exposición de los trabajos que realizó el fotógrafo junto con el estadounidense Walker Evans entre 1929 y 1943.
La muestra estará apoyada en dos coloquios, que se efectuarán en el Cerisy-La-Salle y el Petit Palais de París, entre el 14 y el 15 de noviembre. Durante las conferencias se espera la participación de un grupo de especialistas, entre ellos el fotógrafo Raymond Depardon y el curador del Museo de Arte Moderno de Nueva York Peter Galassi.
Luego se publicarán un par de libros. Uno de la editorial Steldl, que es un catálogo de la exhibición, y otro a cargo de Ediciones Gallimard, que será parte de la colección Décourvetes y estará firmado por Clément Chéroux, curador de exposiciones del centro Pompidou. Paralelamente, tanto el Louvre como el MOMA prometen grandes exposiciones para 2010.
Cartier-Bresson tenía mucho que mostrar y, para lograrlo, inventó una nueva doctrina. La imagen en blanco y negro de un hombre saltando un charco representa la filosofía de su trabajo. Para el francés, todo dependía de la sincronía: “De todos los medios de expresión, la fotografía es la única capaz de fijar el instante preciso, el momento decisivo”.
Él sabía presionar el obturador en el momento idóneo. Por eso fue el primer fotógrafo occidental que entró a la Unión Soviética después de la muerte de Stalin, presenció el caos de India luego del asesinato de Gandhi, vivió la África de la década de los años treinta y retrató a Matisse, Picasso, Coco Chanel, Edith Piaf e incluso al Che Guevara.
“No podemos revelar y copiar un recuerdo. Lo que pasó, pasó para siempre”, afirmaba Cartier-Bresson, quien fundó junto con Robert Capa, David Seymour, George Rodger y otros experimentados reporteros gráficos humanistas la primera agencia internacional de fotografía.
Mágnum le dio un nuevo estatus a la noticia visual. La cooperativa vanguardista, con sedes en Nueva York, París, Londres y Tokio, registró escenas icónicas de guerra, religión, pobreza, feminismo, crimen y fama que hoy ilustran la historia contemporánea.
| GERARDO GUARACHE OCQUE/ El Nacional |
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