Tiembla la Democracia

Mayo 8, 2009

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Ahora informar y criticar la ineficiencia del Estado podría ser considerado apología del delito contra el poder público. Eso es lo que, en el fondo, argumenta Conatel a la hora de abrir un expediente para un procedimiento administrativo contra la estación de televisión Globovisión

Presuntamente, el director de la planta, Alberto Federico Ravell, habría incurrido en esa falta, la de generar zozobra y desconfianza en el gobierno cuando, minutos después del sismo que despertó a la capital del país, el pasado lunes 4 de mayo a las 4:40 am, criticó el silencio de sus funcionarios y de los medios bajo su control.

Muchos no comparten la opinión del director de Globovisión. Podría ser considerado excesivamente crítico un medio que juzga a unas autoridades que -al igual que el resto del país- sufrieron el madrugonazo, puesto que estos funcionarios son también humanos y duermen. Sin embargo, no puede considerarse un delito informar ni, mucho menos opinar que no es que duerman, sino que las autoridades se quedaron dormidas. A fin de cuentas es eso, la opinión de quien acaba de ser despertado de un sacudón.

Si no fuese tremendamente grave la amenaza que se cierne sobre uno de los medios audiovisuales más influyentes del país (aún con su restringida capacidad de transmisión) y las consecuencias que ello tendría para la maltratada democracia, podrían hacerse chistes sobre los efectos del pánico post sísmico: síntomas evidenciados tanto por el director de Globovisión como por los diputados de la Asamblea Nacional y por los agentes de Conatel que, como perros rivales, se ladran entre ellos, al sentir que se les mueve el piso.

Síntoma peor que el miedo a los temblores es el de que se engorde el expediente contra un medio en la semana de la libertad de prensa. Pues todo el mundo sabe que la decisión no depende de comité alguno, sino del dedócrata que todo lo mueve y que pretende ser la batuta que indica cuándo la música debe sonar.

La reacción de los poderes públicos ante el temblor y el tubazo madrugadores es desproporcionada. Pretender que un medio se calle por la falta de una versión oficial y que no recurra a otras fuentes para informar a la comunidad sólo es explicable para un sistema tentado por el totalitarismo.

Regímenes así expusieron al peligro a millones. Cuando la explosión de Chernóbil, la Unión Soviética mantuvo en la ignorancia al mundo entero y, en particular, a centenares de miles de sus ciudadanos vecinos a la planta nuclear. Con la excusa de no sembrar el pánico, muchos inocentes fueron condenados a las graves consecuencias de la radioactividad.

En Corea del Norte, todavía hoy, los diplomáticos occidentales se hacen conjeturas sobre la verdadera magnitud y las causas del desastre que ocasionó la colisión de un tren cargado de dinamita en el año 2004. El gobierno comunista permaneció en silencio por días, impidiendo el paso de equipos de rescate de la Cruz Roja, quizás intentando tapar la enorme proporción de la tragedia o el destino de la carga, sin importar el costo en vidas de los que en primer término resultaron heridos.

El temblor del lunes dista mucho de ser una tragedia y, claro está, es imposible atribuirlo a seres humanos y, sin embargo, uno agradece los buenos reflejos de algunos de nuestros periodistas que aún no piensan primero si dar la noticia lo antes posible pondrá en riesgo su empleo. Paradójico sería que por el accionar humano se produzca una trágica decisión contra la libertad de prensa que haga temblar una vez más las ya frágiles fundaciones de la democracia.

Roger Santodomingo |7 de mayo de 2009
www.cnpcaracas.org

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