Más allá de la Gripe
Mayo 7, 2009

En México mientras la influenza era el foco de atención. Pero por cada nota informada hay otras que no ven la luz debido a que los periodistas encargados de reportarlas están amenazados de muerte.
“Hasta ahora, nada que funcione…”
La situación de violencia contra la prensa y los homicidios de periodistas en México es la peor del continente, según revela el último informe de Reporteros sin Fronteras y el de Freedom House. Una de los principales causas ha sido la lucha contra los carteles de la droga.
En Venezuela la conflictividad no ha llegado a tales niveles, aunque ya se presume que existen asesinatos a periodistas asociados con este flagelo, como en el caso de Orel Zambrano.
En todo caso, las preocupaciones de los periodistas mexicanos son igual de válidas en Venezuela, Rusia, EE:UU o cualquier otro país donde se afecte el libre ejercicio de los profesionales de la información:
La vulnerabilidad de la prensa viene de cuando los gobiernos autoritarios del PRI (Partido Revolucionario Institucional que gobernó méxico por 7 décadas) ejercían con eficacia la censura. Poco a poco avanzó la libertad de expresión, pero algunos espacios quedaron rezagados: la crítica a autoridades locales y caciques regionales, la investigación sobre los poderes fácticos legales y el seguimiento al crimen organizado.
Las leyes e instituciones creadas en respuesta a la inseguridad que padece el sector no están diseñadas para prevenir asesinatos, secuestros e intimidaciones, sino para perseguir los delitos ya cometidos. Con un índice de impunidad superior a 95%, la “federalización” de los crímenes contra informadores y la creación de comisiones o fiscalías para combatirlos no inhiben a los agresores. En todo caso, esas instituciones carecen de la credibilidad necesaria para funcionar.
El éxito en la lucha contra la delincuencia organizada depende, y mucho, del periodismo. A través de él los criminales son señalados y aislados del resto de la sociedad. El propio gobierno lo ha dicho: la delincuencia organizada necesita de cobijo social para operar. Pero no se puede pedir a los medios de comunicación que, con sus propios recursos, se protejan de todas las balas mientras alertan a la ciudadanía.
Como tanto han insistido la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la OEA, los comunicadores son esenciales para que las propias autoridades puedan actuar contra la delincuencia y conocer los actos de corrupción. Proteger al periodista beneficia al país en su conjunto.
Con información de: El Universal | 7 de mayo de 2009
RP|Enelmedio.org
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