Las limpiezas de la guerra


VENEZUELA-POLITICS-OPPOSITION-PROTESTPor Ingrid Orjuela

De lo que estuvo cerca de ser un estado de excepción solo quedaba la sensación… y una tensa calma entre quienes habitan la ciudad y permanecieron en ella en Semana Santa.  Hace pocos días San Cristóbal, en el estado Táchira, ya no era reflejo de las imágenes que llenaron las páginas de los medios impresos y abarrotaban las redes sociales desde el 4 de febrero cuando comenzaron las protestas en esa ciudad.  Nadie construía barricadas, no había convocatorias para las guarimbas nocturnas ni grupos de hombres corpulentos arrastrando conteiners para trancar calles; los estudiantes no marchaban, las señoras ya no amasaban montones de arepas para apoyar a los manifestantes. La ciudad lucía tranquila, demasiado para cualquiera que la visitaba y que sabía que hasta hace unos días fue uno de los focos más candentes e incesantes de las protestas. ¿Dónde están todos?

“La Guardia limpió todo”, respondió el taxista mientras conducía por la avenida Ferrero Tamayo, una de las vías donde se vivieron algunos de los enfrentamientos más cruentos en estos dos meses y donde las fuerzas militares y policiales desplegaron su vasto arsenal de represión.  Y repitió la frase al ver la sorpresa en el rostro de la pasajera, incrédula ante la escena de “limpieza”.  El pavimento perfecto, las paredes pintadas, los postes intactos… limpio, ordenado, la envidia de cualquier municipio caraqueño.

“Cuando decidieron acabar con las barricadas ellos –los militares– se encargaron de arreglarlo todo, trabajaron para dejarlo como si nada hubiese pasado aquí, y ahí usted ve, más ahora que viene gente de afuera a pasar la Semana Santa”, añadió el chofer del taxi blanco –como lo son todos en ese estado andino– que cobró 90 bolívares por una carrera que hace 2 meses costaba 50, una tarifa escandalosa en una ciudad que si bien se cuenta entre las más afectadas por la inflación no está acostumbrada a esos montos por un traslado urbano.

Al llegar a Santa Teresa (ahí se encuentra el hospital del Seguro Social) la escena era muy similar a la de la Ferrero Tamayo.  Otra sorpresa, pues en esa zona –que colinda con Los Teques– se levantaron algunas de las barricadas más grandes y elaboradas de toda la ciudad, que no se desmontaban y funcionaban con toda una logística comunal día y noche. Todo eso había desaparecido, y con el ornamento de guerra también se fueron los vestigios del desastre. Limpieza, pulcritud, esa también era la constante en ese sector.  Lo que recordaba que esa no era la típica normalidad eran los jóvenes militares con sus fusiles que, graneados en grupos de tres, se mantenían apostados en algunos puntos o de sorpresivamente eran dejados en otras zonas.

La rutina volvió a la panadería, a las carnicerías, a los centros comerciales, a las peluquerías, aunque algunos servicios como el transporte público solo funcionaban hasta las 6:00 pm como mucho. La gente está más tranquila, más a sus anchas porque hasta cierto punto retomaron la cotidianidad, aunque expectantes, conscientes de que esa limpieza militar de la ciudad puede durar poco. El espíritu gocho no se amaina tan fácilmente. La tensa calma está en el ambiente. Una señal será suficiente.

Vía Prensa CNP Caracas.

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