Desde las Gradas

 

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Éste domingo disfrutamos de la trigésima séptima edición del Juego de las Estrellas del Baloncesto nacional, competición que tradicionalmente ha sido conquistada por los jugadores foráneos, y ésta no fue la excepción, aunque había expectativa de que los criollos repitieran la victoria del 2013, Aaron Harper (el más votado por el público para el equipo extranjero) y compañía, se apoderaron del marcador 137-134 en tiempo extra para nuevamente celebrar.

Desde las Gradas con Ivette Borges 

Como suele ser tradición, este juego tiene un marco previo, con la competencia de Triples y Clavadas. El Domo de Barquisimeto fue escenario para algo histórico, no por alguna característica en el desempeño de los atletas, sino que en pleno desarrollo se decidió por petición de algunos de los participantes, que se realizara “un reto” al recién designado ganador de las clavadas, algunos pensaron que era cuestión de egos, otros que quizás había una aclamación por ver más de la habilidad de los jugadores, al final, nadie supo, pero al ser aceptado por el jurado (quienes además ofrecieron un nuevo premio, de característica monetaria) se siguió jugando… lo más destacado de esto, es que el mismo ganador de la competencia original, Darwin Matos (de Guaros de Lara) se impuso también en el reto, como dirían por ahí “Así o más claro”. El otro rey de la tarde en las competiciones personales fue Leonardo Capparé (de Gigantes de Guayana) quien se apoderó de los tiros de larga distancia en la final con un total de 9, dejando en camino a Jhornan Zamora (Trotamundos) con 8 y RL Horton con 6 (Panteras) con quienes disputó la final.

Luego de una presentación donde además vimos a los gigantes del tabloncillo hacer gala de algunos “pasitos” de baile al iniciar su andar, se dio el pitazo inicial y comenzó la acción, aunque en la primera mitad fue marcado el dominio de los importados, una vez que se regreso de la pausa los criollos pusieron en cancha su talante competitivo, y finalmente el tiempo extra fue quien definió las cosas.

El ausente de la noche fue el dominicano Jack Martínez, quien afrontó una suspensión (aunque fue elegido por el público) una vez que el presidente de Guaros y de la Liga, el Sr. Jorge Hernández levantara una acusación ante la Comisión Técnica. Un asunto que se solventó ésta mañana, cuando en Rueda de Prensa conversaran. Aunque surgieron rumores y se pensó que podría haber una sanción que retiraría al dominicano de nuestra liga ¡de por vida! La resolución se dio con algo tan sencillo de resumir como que; Martínez se disculpó y Hernández lo aceptó, página pasada, y como es debido, no se afectó la LPB, pues el fin último es el más importante, en éste caso, el baloncesto, vaya poder que tiene el diálogo para solventar situaciones…

Y hablando de extra, sin duda, éste ha sido uno de los encuentros de estrellas LPB que más comentarios ha levantado por su medio tiempo, y es que un gran espectáculo lograron presentar los organizadores al tener como invitados a los conocidos Hermanos Primera; Servando y Florentino cantando completamente en vivo junto a su banda. Siendo quizás de lo más cercano que podemos llamar en nuestro país “un fenómeno musical” en su fanaticada (guardando las distancias, una especie de Menudo locales, son un dúo que trascendió una orquesta) y mantiene unas “fans enamoradas” ya adultas, cantando y coreando con el mismo fervor aquella canción. Además han estado en la mira como ejemplo de convivencia y diversidad en un país politizado, polarizado… pero quizás el momento donde a todos por igual sorprendió y generó más de una sonrisa, fue cuando invitaron a los jugadores del equipo criollo, dirigido por Néstor Salazar a la tarima, y allí hicieron un repaso por clásicos de la salsa, a lo que llamaron un “homenaje a los nuestros”, y pudimos ver las destrezas de canto, baile y compás que escondían hasta ese momento, los jugadores de la LPB, es difícil nombrarlos pues la nómina completa se destacó, aunque los más visuales fueron “los apoderados del coro” Jesús “Zancudo” Centeno y Tulio Cobos, Miguel Marriaga y “Tapipa” también se unieron al coro, mientras Jhornan Zamora bailaba, como quien lo hace en la esquina de la fiesta, y Rafael Guevara se iba involucrando a medida que repicaban los cueros, ahí nadie pudo quedarse quieto. Seguramente los importados, dirigidos por Gustavo Aranzana, aunque con menos “swing” también disfrutaron éste momento y “echaron un pie”. Aportaron así los organizadores más que un juego de baloncesto en el que ya de por si, vemos compartir y fraternidad entre los atletas, ésta vez los vimos ¡hasta bailar! vaya y pregúntele a cualquier aficionado, seguro que entre su resumen del juego algún comentario del tiempo de “descanso” incluirá con una gran sonrisa.

Y es que al final eso es lo más puro del deporte, siempre nos hace sonreír, la rivalidad queda en la cancha, el respeto al contrario está primero, el saberse hermanos es algo que sólo se deja a un lado por voluntad, entre pitazo y pitazo, pero aún cuando está la acción del juego, quien está en el piso encontrará la mano dispuesta a ayudarlo a levantar, e incluyo ésta reflexión para invitarlo también a ud que quizás piensa que el deporte no nos deja nada en éste momento álgido que vivimos como país, recuerde que además del tricolor nacional, si algo viene uniendo al venezolano sin hora ni fecha es el sentimiento Vinotinto.

Ivette Borges 

Secretaria de Organización

CNP Caracas

Vía: Prensa CNP Caracas

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