Comunicólogo Marcelino Bisbal “La audiencia sale perdiendo” caso Globovisión

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“Lo que ha sucedido con Globovisión es el empleo de un mecanismo más eficaz e inteligente”. “Aquella audiencia que sintoniza con el proceso y con el régimen ahora tiene otra alternativa”.

“Con RCTV se perdió un canal y nunca más. Con Globovisión el canal sigue, pero asumiendo un falso equilibrio, una falsa objetividad y esto juega a favor del Gobierno”. Es una de las ideas que esboza el comunicólogo Marcelino Bisbal, quien independientemente del concepto de hegemonía comunicacional que se maneje, cree que se concreta una voluntad de supremacía del Estado gubernamentalizado sobre el resto de la sociedad. -Roberto Giusti, quien renunció la semana pasada a Globovisión, ha dicho que lo que ocurre con este canal es peor que lo que pasó con RCTV, porque ahora el televidente no tiene opciones. ¿A usted le parece tan grave?  -Son situaciones igual de graves y en donde, tanto en el cierre de RCTV (27 de mayo del 2007) como en lo que está sucediendo ahora con Globovisión, la audiencia sale perdiendo. En ambos casos el ciudadano perdió unos espacios de información y de análisis-interpretación de la realidad y de lo que sucede en el país. Quizás la diferencia estribe en que en el caso de RCTV el golpe fue directo, sin anestesia. Ahora, en el caso de Globovisión, el golpe ha sido más inteligente, más sutil, por lo tanto más eficaz.  -Usted siempre ha llevado una relación de medios en manos del Estado. Pero en Globovisión, más que cierre o toma estatal, parece haber más una “domesticación” ¿Usted cómo lo analiza? -Lo que ha sucedido con Globovisión, y la manera como ha sido la “toma”, es el empleo de un mecanismo más eficaz e inteligente, diría yo: no cierro el canal, no lo obligo a pagar multas millonarias por supuestos delitos, no le abro expedientes administrativos, no lo cerco más, pero lo atraigo hacia mis intereses políticos, hacia el poder de Miraflores por la mediación de unos dueños afectos al proceso, ligados de diversas maneras al poder político. Unos dueños que si se investigan en profundidad -y en algún momento lo sabremos pues no hay nada oculto bajo el cielo-, seguramente descubriremos la ligazón con el alto Gobierno y en definitiva con el poder. De ahí que la domesticación, como usted llama a lo sucedido, sea jugar a un falso equilibrio en la línea editorial e informativa. Globovisión ahora se suma al coro de medios, no propiedad directa del Gobierno en funciones de Estado, que no quiere ver lo que sucede en el país y prefiere “pasar agachado”, como decimos. Pero de seguir este proceso, en algún momento ellos pueden ser alcanzados también. No se van a salvar una vez que resulten incómodos al poder. -¿Comunicacionalmente hablando, puede un canal sostenerse como empresa con un giro tan radical de su línea editorial? -Recuerde que el país está dividido en dos pedazos muy iguales. Aquella audiencia que sintoniza con el proceso y con el régimen ahora tiene otra alternativa, un poco mejor por ahora que VTV o el resto de canales que deberían ser de servicio público y de todos los venezolanos. Ese giro de la línea editorial e informativa del medio está acorde con lo que piensa una parte del país y es posible que los nuevos dueños hacia allí orienten la programación del canal. Y aunque esta idea no sea del todo cierta, creo que a los señores que compraron Globovisión poco les importa, les interesa más estar a bien con el alto Gobierno, que es donde ellos seguramente están haciendo los grandes negocios.  -¿No tiene Globovisión como medio privado el legítimo derecho a cambiar su línea editorial? ¿Qué particularidades tiene esa decisión en un entorno polarizado como el venezolano? -Por supuesto que sí. En un sistema democrático, el medio, el ciudadano en general, tiene el legítimo derecho de pensar como mejor crea, siempre que no perjudique al otro. En el caso de un medio de comunicación los dueños tienen ese mismo derecho siempre y cuando no vulneren las leyes y reglamentos respectivos. Lo que sucede es que a un Gobierno como el que tenemos este principio de libertad no le gusta. Quisiera que todos los medios, que el país entero, pensaran como él piensa.  -¿En un país “normal”, cómo se hacen estos cambios de línea? -Sin traumas y sin mayores riesgos. El asunto está en la extrema polarización que vive Venezuela y además una polarización que ha sido extremada y alimentada desde el Gobierno. En un “país normal”, como usted dice, el cambio se haría con estudios de audiencia, de marketing. Aquí se hace desde una racionalidad política que tiene que ver con la idea de la hegemonía comunicacional. -Algunos piensan que la verdadera exigencia de equilibrio y pluralidad debería hacerse a VTV y los canales del Estado. ¿Usted qué cree? -Hay una diferencia en cuanto a la estructura de propiedad del medio. Una cosa son los medios privado-comerciales y otra muy distinta los medios de servicio público. Estos últimos no pueden ser, como lo son hoy, gubernamentalizados, partidizados. Lo ha dicho muchas veces el profesor Antonio Pasquali. La razón de ser de la radiotelevisión de servicio público es el servicio público, son medios que se dirigen a todos como un ciudadano, deben estimular el acceso y la participación de todos en la vida pública, deben ser plurales y democráticos en sus contenidos. Hoy, como nunca antes, los medios propiedad del Gobierno en funciones de Estado son todo lo contrario de lo que hemos apuntado como medios de servicio público. -Periodistas como Nitu Pérez saltan a la plataforma de la llamada televisión digital, a través de El Universal TV ¿Es ese el camino? -Esa es una vía, una alternativa. Pero todavía en Venezuela los medios masivos son los que acaparan la audiencia. Allí están la cifras de impacto, de preferencia especialmente en los sectores C, D y E. Pero también en A y B. Se dice que el futuro estaría en la pantalla del televisor teniendo como base al Internet, pero todavía nuestro ecosistema mediático está dominado por lo llamados medios masivos de comunicación. Si bien es cierto que Internet ya entra en los hábitos de consumo cultural, todavía los massmedia tienen centralidad en esos hábitos de consumo cultural y de entretenimiento. Pero por supuesto que el futuro va hacia allí. -¿De qué le sirve al Gobierno ocupar todos los espacios si no tiene sintonía? -Es la idea de la omnipresencia en todos los ámbitos de la vida, aunque no me lean, no me escuchen, no me vean, pero que sientan que estoy allí y que no pierdo detalle. Es el modelo de Orwell de “El gran hermano”. Es la idea de imponer una narrativa nueva, la idea de contagiar cual virus todos los rincones del país. Hasta que se convierta en cultura. -Cuando salió del aire RCTV algunos expertos como Antonio Pasquali y Elizabeth Safar hablaron de la concreción de la hegemonía comunicacional. ¿Ante qué fenómeno estaríamos ahora? -El asunto es qué estamos entendiendo por hegemonía comunicacional. Si por hegemonía estamos entendiendo volumen o número de unidades comunicacionales en propiedad de un sector con relación al otro, esta no se ha concretado. Ahora bien, si por hegemonía estamos entendiendo, según el concepto gramsciano, hegemonía de la libertad y la pluralidad, la presencia omnímoda del poder del régimen a través de una plataforma de medios sin precedentes, de un corsé jurídico que limita, de variadas formas de intimidación y de miedo, de la imposición de la fuerza del resentimiento en gran parte de las acciones de políticas públicas, pues la idea de la hegemonía se ha ido concretando poco a poco. ¿Ahora en dónde estamos? En una vuelta más de tuerca. Es la idea gramsciana pero al revés, es decir la absorción de la sociedad por medio del Estado gubernamentalizado. Es el ir concretando la voluntad de supremacía sobre el resto de la sociedad.

Fuente: El universal.

Vía: CNP Caracas.

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