Testimonio revela y denuncia restricciones a la prensa en el Parlamento

maru2La periodista Maru Morales (El Nacional) relata cómo en el Legislativo limitan el acceso a la información y perjudican su derecho al trabajo, en la “casa de las leyes”.El CNP Seciconal Caracas presenta el primer artículo de una serie escrita por reporteros, columnistas y afectados por la política sistemática en contra del ejercicio del periodismo por parte de los Poderes Públicos que, por mandato de la Constitución, deben velar por los derechos de los ciudadanos

Mi testimonio….
Por Maru Morales

Me gradué de periodista en 2000 en la UCV, pero no fue sino hasta 2010 cuando salí a reportear a la calle.

Antes de eso trabajé en impresos, TV, radio y revistas, pero siempre en las salas de prensa, primero como redactora, como productora, coordinadora y finalmente como jefa de redacción.
Cuando llegué a la Asamblea Nacional por primera vez, me sentía igual que cualquier recién graduado: desconocía los códigos de la fuente, los horarios, los ritmos y lo peor para un periodista: las caras y los nombres de la fuente.
Pero el compañerismo de mis colegas de otros medios y mi propia felicidad por hacer lo que siempre había querido (ser reportera de El Nacional) me permitieron acoplarme a todo… O bueno, a casi todo.
Desde el día 1 que llegué al Palacio Legislativo en junio-julio de 2010, hubo cosas que me parecieron contrarias al derecho constitucional, al libre acceso a la información pública (y mira que no hay información más necesariamente pública que la que sale de la Asamblea Nacional).
Por ejemplo, los periodistas estaban ubicados en uno de los pasillos internos del Palacio cerca de la entrada al hemiciclo, en unas sillitas de esas de plástico y metal tipo agencia de festejo. Desde hacía unos 3 años, el acceso estaba restringido por un problema entre una reportera y un diputado a quien no le gustó algo que se dijo sobre él.
Lo cierto es que cuando llegué a la fuente, los periodistas veíamos la sesión en un televisor ubicado en ese pasillo. Para aquel entonces, se nos permitía entrar al Palco de Prensa y observar la sesión sin cámaras de televisión. Se nos entregaba el orden del día, y un juego con el paquete de leyes, acuerdos, créditos adicionales y todo el material que se fuera a discutir. Los diputados salían de la sesión a fumar o estirar las piernas al jardín y los periodistas podíamos abordarlos, conversar off the record, o pedirles una entrevista.
En la sede administrativa de la AN, ubicada en la esquina de Pajaritos, la cosa era mucho menos restringida: se podía ir cualquier día de la semana y no se requería acreditación. Cualquier periodista podía ir a buscar cualquier información en las comisiones sin tener que justificarse ante ningún trabajador de la AN.
Muy pronto todo eso cambió.
En diciembre de 2010, el parlamento aprobó una reforma profunda de su Reglamento Interior y de Debates que legalizó la situación de hecho que ya vivía la prensa: los periodistas no podrían entrar más al hemiciclo (ni siquiera para usar el baño que está antes de la puerta, junto a la enfermería).
Con la instalación de los nuevos diputados en 2011 llegaron nuevas reglas: ahora un grupo de funcionarios de prensa serían los encargados de darnos el orden del día, nunca más se nos dio impreso ningún material de los sometidos a discusión en la plenaria, y cada vez era peor visto que conversáramos con los diputados.
A partir de enero de 2012, la tuerca dio otra vuelta. Ahora los periodistas tendríamos que permanecer todo el tiempo que durara la sesión en el pasillo de las sillitas de fiesta, sin poder desplazarnos por los jardines, ni acercarnos a la fuente del pez que escupe agua, ni ir a buscar a los diputados para que se acercaran a conversar. Esto último había que canalizarlo con prensa de la AN.
En marzo de ese año, la dirección de prensa nos distribuyó una hojita con el título de “normas para el trabajo de los periodistas en la AN”, que entre otras cosas prohibía hacer entrevistas en los jardines y circular por los pasillos; sólo podríamos ingresar por la puerta Este; que debíamos estar puntuales a la hora de la convocatoria (aunque el punto de interés para un medio en particular podría ser el último del orden del día) y una serie de restricciones increíbles. En esa oportunidad, Diosdado Cabello, presidente de la AN, logró escuchar una queja que le hice desde la distancia, porque no se me permitía acercarme a él y al ver de qué se trataban estas “normas” eliminó algunas. Esa fue la única vez que prensa AN puso normas por escrito. De ahí en adelante, todas las “normas” se comunican de manera oral.
A mediados de ese año me fui de vacaciones. Cuando volví en septiembre me encontré con que mis compañeros de fuente habían sido confinados a un salón ubicado en el piso 1 del Palacio, a donde debían ir directo al llegar. En esa sala, los periodistas tenemos 6 computadoras con acceso a internet, 1 baño, agua y una pantalla para ver la sesión por televisión. Pero no podemos hablar con los diputados a menos que estos decidan subir a declarar, no podemos ver en qué contexto se produce el debate (si hay agresiones, si hay armonía, si hay personas armadas, si hay faltas al respeto, etc) y no tenemos acceso al material de la sesión, a menos que a prensa AN lo suministre. Podría decirse que este encierro agravó las restricciones.
A partir de febrero-marzo de 2013, se nos informó que no podríamos ingresar a la AN hasta tanto comenzara la sesión. El mismo Cabello reconoció luego que era una medida en respuesta al hecho de que los periodistas habían cubierto una declaración de la bancada de la MUD en las escalinatas que dan hacia la presidencia, sin permiso de prensa AN. Declaración ésta a la que por cierto yo llegué tarde y tuve que reportearla a través del relato de mis compañeros.
Para marzo-abril se nos notificó que ahora, debíamos esperar a que entraran los medios oficiales y comenzara la sesión para que los medios independientes pudiéramos entrar al Palacio.
El día de las agresiones entre diputados, el 30 de abril, durante el tiempo que duró la situación (unos 15 o 20 min) el personal de prensa AN cerró la puerta de la sala de prensa, cerró las cortinas de los ventanales y nos prohibió oralmente salir del recinto y tomar fotos a través de la ventana, o del cordón de la GN que se desplegó en el pasillo interno del Palacio.
La última medida restrictiva adoptada por prensa AN se nos notificó el 7 de mayo, y esta vez no afectó el trabajo en el Palacio, sino en la sede administrativa, donde operan las comisiones: ese día se nos dijo que solo los miércoles (siempre que hubiera actividad en las comisiones) podríamos circular libremente por la sede. El resto de los días, tendríamos que anunciarnos ante el personal de seguridad para que este a su vez notificara a prensa y estos autorizaran o no el acceso.
Las medidas exigían pautar una cita previa y comprobable con un diputado, prensa AN nos acompañaría hasta la oficina; que solo se podrían cubrir las ruedas de prensa convocadas a través de prensa AN y no desde las bancadas o grupos parlamentarios: y que en conclusión, si las comisiones no convocaban, los periodistas no teníamos nada qué hacer en la sede administrativa.
En mi caso particular, cada vez que me encontré con un nuevo obstáculo para hacer mi trabajo, lo escribí o lo reporté vía Twitter. El 7 de mayo publiqué en la web de El Nacional un reporte pormenorizado de las nuevas restricciones y la siguiente vez que me presenté a trabajar en la AN, el 22 de mayo, se me prohibió el acceso.
Desde ese día no puedo entrar ni al Palacio ni a la sede administrativa. No me han dado una explicación formal por escrito de la medida. No hay un memo, un oficio, nada que sustente la decisión tomada en mi contra, que viola mis derechos humanos a la información, al trabajo y a la no discriminación.

Vía Prensa CNP Caracas

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