“Al Gobierno le gusta tener clientes y no ciudadanos”

(Por: TAL LEVY levytal@yahoo.com) “Una responsabilidad cívica fundamental de los comunicadores sociales y de los ciudadanos es la de no callarnos, decir la verdad, no hipotecar el pensamiento por dádivas provenientes de donde vengan. La libertad se construye desde uno mismo, en términos del compromiso que se tiene con uno y con los demás”, sostiene Miguel Ángel Latouche, director de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Central de Venezuela, la cual celebra esta semana sus 65 años de existencia.El reto de esta institución: “Seguir defendiendo el derecho al acceso a la información pública, la libertad de expresión, y exigiendo que el espacio público venezolano sea democrático, plural, en el cual una multiplicidad de voces pueda escucharse”.

-¿Cómo afectará al ejercicio profesional la multa impuesta por Conatel al canal de noticias Globovisión por el tratamiento informativo dado a la crisis del Rodeo? -Estamos en una etapa de profunda polarización política y eso pervierte al espacio público porque muchas veces los mensajes que escuchamos están mediatizados por intereses particulares. Me asombra al ver VTV que uno siente que en el país no sucede absolutamente nada, no hay problemas o estos son producto de los medios o de intereses perversos, y eso está lejos de ser una verdad absoluta.

Cuando se pretende construir criterios de verdad desde instancias gubernamentales, desde el ejercicio puro del poder, y esas verdades se hacen verdades incuestionables, se está pervirtiendo negativa y peligrosamente ese ámbito de libertad que es lo público. Eso implica que la lógica ciudadana transite hacia una lógica clientelar en la cual el ciudadano no es tal, sino cliente del Estado y de las dádivas o beneficios que pueda proporcionarle. Eso es muy peligroso para una sociedad democrática. El ciudadano corre el riesgo de convertirse en un consumidor de información y no en productor de información, es decir, que piensa por sí mismo y no toma la información del otro como válida siempre, sino que la cuestiona, la evalúa.

-Nunca antes se había sancionado la cobertura noticiosa. -Conatel está diciendo: esto es un buen ejercicio de periodismo y esto no, y Conatel no es una universidad. Es un ente regulador que no debe involucrarse, como lo ha hecho, en la discusión acerca de cómo se hace periodismo en Venezuela. Eso le corresponde a otras instancias. Por otro lado, quién define los criterios de verdad.

Se dice que Globovisión montó los sonidos, pero no hay una comprobación, una investigación seria al respecto. Definir quién incumple con la ley es un trabajo tribunalicio, porque cuando un ente administrativo impone una sanción, no se tiene a quién apelar y allí se coarta el derecho a la defensa.

-¿Esta multa estimula la autocensura? -Sí. En los canales de televisión, los programas de opinión han disminuido de manera sistemática en los últimos ocho años. Hace década y media, los programas de opinión estaban en el prime time de la mañana, ya no. Eso empobrece la discusión pública. Hay una hipersensibilidad a la crítica, y todo aquel que ejerce cargos públicos está sometido a la crítica por definición. Un funcionario puede equivocarse y lo bueno de la opinión pública es que obliga a la administración a corregirse.

El proceso contra Globovisión es terrible, lleva a la autocensura y pone en cuestionamiento algo peor: cómo trabajar el hecho comunicacional, es decir, de qué deben cuidarse quienes hacen cobertura informativa. -El Gobierno ha impulsado la creación de universidades como la Bolivariana, en la que también se imparte Comunicación Social.

¿Qué distingue la formación que se ofrece en ésta y en la UCV? -Nuestra educación es mucho más libre; nosotros educamos para la ciudadanía, para la libertad. -Pero ¿cómo se educa para la ciudadanía, para la libertad? -Dejando que la gente tome decisiones por sí misma, auspiciando la responsabilidad. Como diría Michel Foucault, desarrollando la parresia, el ánimo de decir la verdad.

-En el momento histórico actual, ¿qué importancia tiene la formación, más allá de comunicadores, de ciudadanos? -Hannah Arendt decía que debemos tener sobre todo la valentía de no callarnos, de denunciar lo que pasa. Un ciudadano que es un sujeto corresponsable no sólo debe exigir sus derechos, sino además cumplir con sus obligaciones, sus responsabilidades, y tener la valentía de decir la verdad, de criticar y de asumir el ser criticado. Un ciudadano debe buscar la justicia. Crear esa conciencia en el otro es una responsabilidad de todos. -En Venezuela se viene promoviendo la noción de colectivo, que tiende a ver al individuo como masa.

¿Qué hay en el país, ciudadanos o pueblo? -Tenemos clientes y eso se auspicia desde las instancias gubernamentales. Es un problema. Nuestra labor es formar ciudadanos, un sujeto que es capaz de hacerse responsable por sí mismo, de resolver por sí los problemas. Implica que uno alcance la mayoría de edad en términos de que pueda autorregularse y hacer sostenible su vida en el largo plazo y definir un concepto de bien y acerca de la felicidad. En la perversión de lo público que vivimos se están construyendo clientes. En el pueblo el sujeto se pierde, sus necesidades se pierden, y eso es muy peligroso porque quizá la voz del sujeto también se pierda y, entonces, yo no puedo autodeterminarme. El gran factor de socialización es el trabajo y cuando se pretende que desde el Estado se satisfagan las necesidades fundamentales de la gente, ésta pierde esa construcción socializante y el trabajo deja de ser un valor.

-¿A quién beneficia que haya clientes y no ciudadanos? -Al Gobierno, que le gusta tener clientes y no ciudadanos. Los clientes aceptan los pagos que reciben, los ciudadanos exigen cosas, espacios de libertad.

 

Fuente: El Nacional

Vía: Prensa CNP Caracas

 

 

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