¿Una ética periodística nueva?

(Por: Juan Darío Restrepo)Por primera vez un candidato presidencial en Estados Unidos incorporó plenamente a sus actividades proselitistas a Internet, y triunfó. Barak Obama creyó en su potencial y no se equivocó.

El presidente Aznar no creyó en él y su partido perdió la presidencia en España. Había difundido la versión sobre la responsabilidad de la ETA en los atentados dinamiteros en la estación de Atocha, aquel 14 de marzo, convencido de que su influencia sobre los medios tradicionales sería suficiente para imponer su interesada verdad. No contó con internet, ese nuevo poder que en dos días dejó su marca en las elecciones presidenciales.

Hoy los periodistas de todo el mundo nos preguntamos si será cierto o no que periódicos y periodistas nos hemos vuelto una especie en vía de extinción merced a la presencia de internet.Es un nuevo poder y hacen bien ustedes en preguntarse sobre el desafío ético que representa esta cultura digital.

Como en el uso de cualquier medio de comunicación, lo ético en Internet es aprovechar todas sus potencialidades para llevar a cabo un trabajo comunicativo de excelencia, y esto a pesar de sus debilidades.El desarrollo de nuestro tema exigirá, por tanto, un examen inicial de las debilidades y fortalezas de Internet, como condición para entender tanto las dificultades como las exigencias del mandato ético hacia la excelencia.

 

1.- Las debilidades de Internet.

1.1.- Si se mira el trabajo periodístico como una adquisición y difusión de conocimientos, es evidente que Internet es una débil herramienta. En efecto, Internet brinda información, caudalosos ríos de información, pero ningún conocimiento. Anota Graham: “”la información de Internet, (impulsos electrónicos que producen texto e imágenes en una pantalla) no implica que transmita ningún conocimiento genuino.” Y explica este autor:

 

“1.- La información digital puede almacenar desinformación.

2.- Encontrar algo en Internet no es como encontrarlo en la Enciclopedia Británica porque esta fue escrita con un cierto propósito, procede de una fuente identificable y tiene una larga y acreditada historia. Nada de esto es cierto en internet.” (Graham. 96).

Y concluye Cebrián: “Internet es una valiosa fuente de conocimiento, solo si somos capaces de someter lo que allí encontramos a las verificaciones normales que aplicamos a las otras fuentes.”

Todo cuanto disminuya la calidad del conocimiento repercute en la calidad de la libertad y es evidente que la tecnología de Internet no asegura ese conocimiento.

Se agrega a lo anterior el fenómeno de la masificación que suma, al mal de la desinformación, el de la sobreinformación. Internet se percibe como esos mercados populares poblados de ruido y de gritos, en que una sobrepoblación de vendedores que ofrecen su mercancía a grito limpio, asedian a compradores indefensos que no atinan a seleccionar entre tanta información, la más útil, o la menos mentirosa, o la menos engañosa, o la más creíble.

La demanda de filtros para la información no solicitada, el rechazo y desagrado con que uno observa un correo repleto de informaciones inútiles, si no engañosas, o en todo caso superfluas, demuestran la debilidad de Internet para fundamentar la libertad con la base sólida del conocimiento. Por esto Baudrillar echaba de menos ese profesional que en los medios tradicionales selecciona la información con un criterio de servicio público y rechaza lo demás con un ánimo de defensa del lector. En vez de libertad, aparece en Internet su caricatura, la anarquía, que teme el informe del Club de Roma al señalar que esta posibilidad de millones de gentes hablando entre sí “permite imaginar que el sistema de ordenación jerárquica de valores de cada sociedad, puede ser sustituido por el caos.” (Cita Cebrián 40).

1.2. – La otra cara débil de Internet se revela cuando se habla de la brecha digital, ese abismo que se ha abierto entre el 20% de info-ricos y el 80% de info-pobres.

La tecnología, en efecto, no ha resuelto ni podrá resolver sola los desequilibrios sociales que explican las crisis de la sociedad de hoy. Internet ahonda el problema al poner en evidencia el contraste entre el hiperdesarrollo tecnológico y el infradesarrollo institucional y social, según observa Castells. Y lo que debería aumentar la influencia de los ciudadanos, resulta tener una fuerza relativizada por el poder político o económico. Fenómenos como el de la insurgencia de los votantes en España después del atentado del 11 de marzo, o el del movimiento contra la guerra en los Estados Unidos, ocurrieron a pesar de las instituciones y de los poderosos.

La participación inteligente y libre del ciudadano tropieza en Internet con dos grandes obstáculos:. El primero se origina, no en la tecnología, sino en los usuarios mismos, que buscan solamente lo que les gusta porque disponen de las facilidades técnicas para hacerlo. Es lo que el experto Rosenthal Alves llamó “el yocentrismo mediático de Internet.. Yo busco la información que yo quiero, cuando yo quiero y donde yo quiero.” Esto rompe la función tradicional del medio que, al señalar una agenda, introduce en el proceso informativo un tercero que libera al receptor de la estrechez de su mundo y lo abre al mundo exterior. En vez de eso, concluye Rosental, el receptor se vuelve emisor, (Alves 116) o sea el círculo vicioso del yo con yo.

1.3. – La otra debilidad aparece con el carácter excluyente que, hoy por hoy, exhibe Internet.

Observa Gordon Graham, que “puestos a especular sobre su futuro, existen razones para creer que es más probable que Internet aumente la fragmentación social en vez de promover el consenso social.” A tal punto llega el poder del ciudadano con Internet, y tan evidente es la diferencia entre los info-ricos y los info-pobres, que junto con el crecimiento de Internet se profundiza el abismo entre culturas y sistemas. Es lo que en la Sociedad de la Información se conoce como La Brecha, ese abismo que se ha abierto entre la sociedad informada y la que carece de información, calculada en un 80 por ciento de la población mundial.

A esa contradicción habría que agregar la que señala Castells:” la que existe entre nuestro hiperdesarrollo tecnológico y nuestro infradesarrollo institucional y social.” Poner en evidencia esa contradicción podría señalarse como ventaja de internet; la desventaja es que su existencia y su operación, son factores que se intensifican y permanecen sin resolver.

1.4.- Además, Internet escapa a toda clase de control legal. Lo demostró la impotencia de los gobiernos en la Cumbre de la Sociedad de la Información en Túnez, en noviembre de 2005. Los instrumentos que allí se propusieron para limitar o controlar el acceso a Internet, ha demostrado que ni técnica, ni legalmente son viables. Con algún optimismo decía el tribunal federal de Pensilvania que la fuerza de Internet “reside en el caos y el valor de nuestra libertad depende del caos y la diversidad de la expresión sin trabas.” (cita Castells 194). Sin embargo ya se ha comenzado a sentir en el mundo la necesidad de esas trabas o controles que, según se mire, limitan o defienden la libertad. Inicialmente las páginas de pornografía con o para niños prendieron las alarmas.

Y en los Estados Unidos, en donde Internet había salido a la luz con la clara intencionalidad de crear un espacio de libertad, la administración Clinton y el Congreso reclamaron instrumentos legales de control sobre los medios. (Castells 194) con el argumento de la protección de los niños amenazados por los pervertidos que operan en la red a sus anchas, sin riesgos inmediatos y con amplias posibilidades de ganancia. Este intento de control fracasó.

Anotaba Castells sin embargo, la coexistencia que propicia Internet: “una ideología libertaria muy extendida, junto a un grado de control cada vez mayor.” Y agrega: “es imposible controlar las redes globales, pero se puede controlar a la gente que las utiliza y de hecho, en el futuro estará controlada,” (Castells 209,210) que es lo que está sucediendo. Pero lo que no pueden hacer los gobiernos del mundo lo está haciendo la gran empresa. Como ya había sucedido con los medios tradicionales, también aquí las manos de los mercaderes transformaron en mercancía todo lo que tocaron. Había ocurrido con la imprenta, con la radio, con la televisión, y ahora sucede con Internet.

“La transformación de la libertad y la privacidad en Internet, es consecuencia directa de su comercialización,” exclama Castells antes de ofrecer una agobiadora descripción de los mecanismos de control y de venta de intimidades, que la propia industria ha ideado y aplicado.

Lo de menos es la política rutinaria de las empresas en Gran Bretaña, en donde los patronos, con el argumento de controlar el uso del tiempo laboral de sus trabajadores intervienen cuando quieren en los mensajes y documentos de Internet; más graves son las implicaciones en la libertad y en la intimidad personal del programa Espía, que permite obtener todas las claves guardadas en una computadora sin que el usuario lo sepa: a la abusiva invasión de mensajes no deseados en el correo personal, se ha venido a agregar el truco de las listas negras, mecanismo de intercepción que impide la entrada o salida de mensajes a menos que se pague la suscripción a un salvador que posee la tecnología para devolver el derecho a enviar o recibir libremente los correos. Son atentados contra la libertad de información que se perpetran en nombre de la libertad de empresa y que en nuestro tiempo reviven, con distintos personajes, la propuesta del panopticon, de Bentham. Según el inglés, se trata de un conjunto de celdas ordenadas de modo circular y dominadas por una alta torre en cuya cima el vigilante puede seguir todos los movimientos de los de abajo sin que él pueda ser visto. Esta metáfora del poder se repite en Internet, en donde los dueños del software conocen los códigos de la red y pueden cambiarlos, mientras los usuarios los desconocen. Anota Castells: “una vez en la red el usuario medio se encuentra prisionero en una arquitectura que le es ajena.” (Castells 197)

Ese dominio permite la colocación de marcadores o cookies en los discos duros que, conectados a los servidores, transmiten automáticamente todos los movimientos on line; así se ha llegado al siguiente paso, que es la venta de datos. Si alguien decide llamar a estas empresas de mercaderes de intimidades no exagera, porque cartas, memorandos, registros de ideas y proyectos, todo eso que uno consignaba en libretas, cartas o cuadernos privados, ahora está a la venta.

Es una industria que comenzó con el registro de los datos que las compañías aéreas obtienen de los viajeros, y se ha transformado en un negocio multimillonario, porque cualquier información transmitida por este medio es una materia prima que, procesada, identificada y combinada en unidades de análisis, derriba todos los muros, puertas y ventanas con que el ciudadano cree defender su intimidad. Los comerciantes están convirtiendo en oro todas las intimidades que tocan. Así está ocurriendo con el 92% de los sitios web en Estados Unidos. Los consumidores o desconocen, o no tienen oportunidad de negar la autorización para que sus datos sean procesados. Alegar ese derecho le quitaría la base legal a un negocio como el de Abacus, la firma que dispone y negocia los datos sobre los hábitos de compra de 90 millones de hogares en los Estados Unidos.

Los productos de software de Microsoft, Word 99 y power point 97, incluyen identificadores de cada uno de los documentos que el usuario produce, anota Castells. La empresa Aristotle proporciona a quien se los compre, los perfiles políticos de 150 millones de ciudadanos en Estados Unidos. El FBI trabaja en colaboración con proveedores de Internet para registrar el tráfico de correos electrónicos, que se someten a un proceso automatizado de claves. El mismo FBI opera el programa Tormenta Digital, que graba conversaciones telefónicas que, a partir de palabras claves, analiza en programas informatizados.

La tecnología, pensada para ampliar las fronteras de la libertad, convierte al mundo en una versión del panopticon, o en la realización de la pesadilla del Gran Hermano de Orson Welles. A los ojos ubícuos de ese vigilante universal, nada escapaba, salvo unos cuantos centímetros cúbicos de nuestro cráneo, apuntaba el escritor.

Un funcionario de Sun Microsystems describió, sin proponérselo, esta situación cuando dijo con un cinismo escandaloso:” ya no le queda a usted ni un ápice de privacidad, vaya acostumbrándose.” (Castells 198)

1.5.- Los progresos tecnológicos han traído consigo, como si fuera su inevitable sombra, una estela de miedos. La aparición de las máquinas de coser del francés Thimonnier, alebrestó a los sastres; la invención del fonógrafo alarmó al compositor John Philip Souza: “preveo un marcado deterioro en la música y en el gusto musical,” se quejó. Pero más alarmado y contundente en su rechazo de la tecnología fue un brillante matemático llamado Theodore Kazinsky para quien “la tecnología ha desestabilizado a la sociedad, ha sometido a indignidades a los seres humanos, ha producido sufrimiento sicológico al Tercer Mundo y ha infligido grave daño a la naturaleza..” al autor de estas líneas lo debieron conocer ustedes en las noticias con el alias de Unabomber, y su acción terrorista llegó a intimidar a Estados Unidos antes del 11 de septiembre. Cada bomba que hacía estallar, era una protesta y una llamada de atención sobre los peligros de la tecnología. Internet no ha escapado a esa sindicación. Los intereses poderosos que hoy controlan a Internet, promueven un alto crecimiento sin control mezclado con una pobreza destructiva, lleva a la dilapidación de los recursos naturales, observa Castells, al destacar los efectos negativos del modelo de producción y consumo industrial que privilegia Internet.

Cebrián es aún más concreto al señalar a Internet como factor de desempleo en el mundo. Las tecnologías de vanguardia contribuyen a la destrucción de puestos de trabajo. En el ámbito comercial las redes permiten la desaparición de intermediarios y abaratar los costos de producción a cambio de la eliminación de puestos de trabajo, denuncia en su libro La Red.

1.6- Ignacio Ramonet denuncia otra debilidad, que debe hacer parte de este memorial de agravios contra Internet: “son de desconfiar unas prácticas alienantes que hacen desaparecer la legítima aspiración a una autonomía de pensamiento y una toma de conciencia, mientras aparecen el conformismo y la pasividad.” En efecto, esa multiplicación y vistosidad de las informaciones en Internet, estimulan la pasividad intelectual característica de una sociedad que reacciona pero no opina, ni profundiza, ni explora alternativas. En el mejor de los casos el hombre de hoy está leyendo en las pantallas, o en revistas ilustradas, pero analiza y discute en menor grado.

1.7.- Se relaciona con la anterior, la debilidad denunciada por Gordon Graham.: “el genuino usuario de Internet termina atrapado por un mundo de irrealidad. Dicha irrealidad se basa en el hecho de la no verificación de las fuentes de Internet. Y se agrava esta ruptura con la realidad, el fenómeno ya creado por la televisión: el sobreuso de los sentidos, en detrimento de la estimulación intelectual. Internet invade el espacio intelectual de las personas limitándolo.”

He procedido hasta aquí como esos contertulios que ofrecen buenas y malas noticias y comienzan con las malas. Es hora de dar las buenas noticias sobre Internet.

 

2.- Las ventajas de Internet

2.1.- La más notoria es que tienes el mundo a mano en tu pantalla. Millones de personas están descubriendo a millones de seres humanos a los que nunca habían tenido acceso.

Son relaciones de un tipo diferente; no es solo el trivial encuentro en Facebook o el que resulta del cruce de mensajes que comienza con el trivial fulano quiere ser tu amigo. Más que eso, Internet ha inaugurado un mundo en el que las relaciones son de otra clase. Advierte Castells: “mientras usted quiera seguir viviendo en sociedad, en este tiempo y en este lugar tendrá que tratar con la sociedad red.” Más que cualquier otro fenómeno globalizador, Internet ha derribado fronteras y ha relacionado entre sí a los seres humanos de todas las latitudes.

Esta ventaja, ¿trae de la mano acaso, la de crear comunidades?.Graham cree que no. A los de Facebook, por ejemplo, no los unen principios constituyentes sino eventuales intereses comunes que es lo que investigadores de la Universidad de Berkeley llaman enclaves.

Pero cuando Internet rompe el individualismo, abre la posibilidad de la comunidad. En una comunidad se comparten pensamientos y sentimientos, aunque la falta de contacto personal, con su repertorio de expresiones, limita a Internet y lo convierte en un instrumento que debe ser complementado, como pasa con todos los demás medios de comunicación, salvo el contacto cara a cara, identificado como la más completa de las comunicaciones. Con todo, afirma Graham, al apostar a Internet: “ no hay ninguna razón en principio, para que una comunidad en Internet no poseyera los mismos principios esenciales que una comunidad de monjas.”(Graham. 143)

2.2.- Juan Luíis Cebrián señaló en La Red, otra ventaja de Internet: “fue la aparición de un nuevo poder y una nueva libertad,” exclamó con admiración y entusiasmo.

Y es verdad, debió pensar ante lo sucedido, durante el colapso físico y espiritual de Estados Unidos, después del 11 de septiembre de 2001. El presidente Bush emprendió una cruzada antiterrorista e incluyó en su agenda de guerra el control de los medios de comunicación. Como sucedería después en España en la circunstancia similar de su 11 de marzo, Internet tuvo todo lo necesario para estar a disposición del ciudadano, lejos de las presiones y del control que limitan la información pública en los medios tradicionales. En Irak los bloggeros se movieron como peces en el agua dentro de las azarosas condiciones de la guerra y del terrorismo generalizado. Los bloggeros fueron a la vez corresponsales que narraron y documentaron hechos de que habían sido testigos oculares, informaron a las familias de los soldados, amplificaron la voz de víctimas y pacifistas, fueron la voz libre de las poblaciones a pesar de las restricciones informativas que trae consigo toda guerra. Los webblogs llegaron a ser warblogs en libertad porque Internet tenía todas las ventajas para serlo.

Tenía este hecho en mente el profesor del MIT Ryan Mc Kinley al afirmar que si el gobierno tiene el derecho de vigilar al ciudadano, Internet ha hecho válido un derecho anterior: el del ciudadano que vigila a su gobierno.

El derecho a informar que los gobiernos dictatoriales tienden a controlar y acaparar, y que mantienen con puño de hierro los grupos más poderosos, con Internet pasó al ciudadano común.

Si antes la libertad de expresión y de información la ejercían solo quienes tenían recursos, influencia y posibilidades para hacerlo, Internet les ha dado la palabra a todos.

Cebrián se entusiasma y saluda esas cascadas de luz que se han precipitado por las puertas y ventanas de la sociedad, abiertas por Internet. Sin embargo, duda:”es lícito preguntarse si la abundancia de información le da mejoría necesariamente a nuestro nivel de vida.” (Cebrian 97) Baudrillard coincide al calificar de invivible un mundo en que las personas están abrumadas por el exceso de información. Sin embargo reflexiona Cebrián:

“La libertad entendida como capacidad de opción es el gran señuelo de la red. Ante la abundancia de información y de ofertas de todo tipo, el usuario podrá escoger entre una miríada de alternativas.” (5)

Además, “la eficacia de estos medios debería aumentar la influencia de los ciudadanos ordinarios y mejorar sus situaciones en el proceso democrático, agrega Graham (Graham. 86). Internet, pues, llegó con todo para ser un poder y abrir las puertas y ventanas al aire fresco de la libertad.

Pero Internet no es solo eso. El discurso de sus propagandistas suele quedarse ahí y dejar oculta otra cara, la que justifica las preguntas: ¿abre Internet las puertas a la libertad de expresión? ¿Es Internet un aporte al conocimiento, o como escribía Cebrián con evidente entusiasmo:”contribuye a la creación de un orden superior de pensamiento, de conocimiento y, quizás de conciencia internetizada entre las personas?” (Cebrian 27)

¿Amplía el ámbito de la democracia cuando proporciona a quien quiera usarlos, los medios para decir públicamente su palabra?

Esta última pregunta evoca, por supuesto ese ideal democrático del ágora ateniense en donde el ciudadano podía tomar la palabra para rebatir, apoyar o complementar la palabra de las autoridades. Entre ese ideal y las realidades de hoy se ha interpuesto el fenómeno de las grandes masas, que no se pueden reunir en ágora física alguna y que dieron lugar a la aparición de la democracia representativa, tempranamente ensayada en el año 930 en el Althing islandés. Se trataba de una reunión de 48 caciques que representaban otros tantos grupos. (Graham.72) Internet parece recuperarle al ciudadano el derecho a intervenir individualmente y la tecnología da por resuelto el problema físico de las ágoras con espacio limitado, con su creación del ágora electrónica. Graham le baja temperatura a ese entusiasmo: “si el poder para el pueblo depende de la tecnología de Internet, a la mayoría de la población del mundo le queda aún mucho camino por recorrer.” (Graham 78)

2.3.- La más obvia y señalada de las ventajas de Internet es su capacidad de almacenar y ofrecer información. Cuando se daba como un hecho la obsolescencia de la metodología y de los sistemas educativos, Internet aporta elementos de renovación: el acceso a un mayor volumen de información, la posibilidad de acceder a bibliotecas y archivos, nuevos criterios para presentar datos, investigaciones, estadísticas y conocimientos, la posibilidad de más preguntas y más respuestas. Ante esto, concluye Cebrián: “la sociedad global de la comunicación a través de fenómenos como Internet, tiene ya una incidencia definitiva en los niveles educativos de la gente.” Y observa Brunet, citando a Miles, que “Internet permite compartir un repertorio común, propio de cada cultura, y, además, la inteligencia colectiva.” Es decir, que el intercambio de saberes entre los seres humanos, ha adquirido un ritmo vertiginoso y eficaz nunca antes sospechado.

2.4.- Aún prevé Castells otra aplicación posible pero difícil: “una regulación efectiva y dinámica de los mercados globales financieros.” Más modesta, pero práctica es la aplicación que destaca Cebrián: “en el aspecto comercial, las ventas se miden al segundo, lo mismo que las audiencias de televisión.” Es una ventaja que conocen desde los más pequeños hasta los gigantes almacenes que manejan sus inventarios por Internet, lo mismo que las empresas aéreas sus movimientos de pasajeros y sus ventas en todo el mundo. Son igualmente prácticas y positivas las aplicaciones que permiten lo mismo agilizar procesos de producción con la ayuda de la infografía digital, por ejemplo, que la transformación de la manera de trabajar en la casa y no en la fábrica o en la oficina; horarios acomodados a las necesidades y circunstancias de las personas y la multiplicación de trabajos autónomos.

He traído a cuento esta doble lista de las desventajas y ventajas de Internet porque esa es la base real de donde debe partir la mirada ética sobre este medio de comunicación, para encontrarles respuesta y salida a las debilidades y para optimizar sus fortalezas. Que es el mismo proceso de reflexión que la ética impone frente a los otros medios. Con el perfeccionamiento y avance de la tecnología de la comunicación, se ha afinado y fortalecido la sensibilidad ética sobre su uso. No estamos pues ni ante la invención de la comunicación, ni ante la recreación de la ética, sino ante una coyuntura que deja al descubierto la ubícua presencia de lo ético en las aplicaciones de la tecnología de las comunicaciones. Internet aparece, pues, como el punto de convergencia de los dilemas éticos que plantea el acto de comunicar.

 

3.- Dilemas éticos en Internet.

Ese humano concentrado ante la pantalla de su portátil, ausente de cuanto lo rodea, aún en los cibercafés, en un avión, o en una ruidosa sala de aeropuerto, lo mismo que en su oficina o en su estudio, es un hombre al que la tecnología vuelve solitario, aunque le abre la posibilidad de comunicarse. Alrededor de él se multiplican los interrogantes éticos. Así lo plantea el epílogo de mis 40 lecciones de ética: Internet, al crear el ambiente propicio para prescindir de los demás y aislarse, intensifica la naturaleza destructiva del individualismo radical. Lo ético aparece con la presencia del otro; su exclusión significa la desaparición de la base y el objeto de lo ético.

Anota Cebrián: “embebido como está en un mundo virtual e imaginario, se aparta de las relaciones con los más próximos, familia, vecinos, amigos.” Este aislamiento, progresivamente excluye la socialización y con ella, el control social sobre la conducta. Anota Graham.: “la mayor parte de la educación es el resultado de la socialización. La socialización no es un proceso de condicionamiento sino de formación. Los impulsos naturales, fundamento del conocimiento moral, se definen a medida que se someten al proceso de refinamiento de valores y prácticas heredadas y no inventadas. Cuando desaparece esa influencia de la sociedad y el hombre se aísla, fuera de todo control, los deseos más perversos no sufren represión alguna. En el mundo de Internet el público represor no existe.”. Es un efecto de la que Lipowetsky llama “la segunda ola individualista.”

Cuando el periodista utiliza internet para su trabajo profesional y es consciente de este conflicto ético que la misma tecnología plantea, necesita volver sobre las demandas más exigentes de su oficio: ¿informar, para qué? ¿Desbordar las fronteras del medio de comunicación tradicional y tener ante sí el horizonte ilimitado de Internet, para qué? Se impone un propósito, y no cualquiera clase de propósito: ¿divertir? ¿proyectar el propio nombre en la ciberesfera? ¿Poner las bases de un negocio informativo? ¿Ganar la satisfacción de un blogg de éxito? Son posibilidades iguales a las que ofrece de cualquier otro medio, solo que de dimensiones más amplias y desconocidas. Dentro de ellas juega esa otra posibilidad estimulada por la ética, de convertir a Internet, a la información en herramienta para llegar a otros y hacerlos mejores seres humanos, más libres, más tolerantes, más sensibles a los demás seres humanos.

Para llegar a esto no hay técnica alguna. Es cuestión de intencionalidades capaces de subordinar lo técnico y de exorcizar los demonios del individualismo, que anidan también en el alma del usuario de Internet.

Internet, en efecto, no es bueno ni malo, es un instrumento que potencia lo bueno o lo malo de todo hombre.

A estos dilemas éticos se agregan otros: Internet desarrolla en los individuos “una actitud en sus relaciones interpersonales orientada por criterios de eficacia” (Brunet). La ética se plantea como respuesta a situaciones extremas de urgencia, no en el resto de la vida. El criterio de eficacia no está lejano de la otra desmoralizadora convicción de que el fin justifica los medios. La eficacia es un fin al que se sacrifica todo lo demás. El fin de informar con brillo y antes de cualquier otro, enceguece éticamente, para utilizar a las fuentes, o violar la intimidad ajena, los derechos de los otros a sus creencias, tradiciones, o cultura. Desaparecen la dignidad y los derechos de las personas ante el brillo ofuscador del éxito profesional a cualquier costo. De manos de una tecnología poderosa y generadora de resultados, se puede llegar a ese abismo ético del fin justificador de los medios.

Quizás el más conocido de los casos es el de la pérdida del derecho a la propiedad intelectual en manos de quien baja contenidos y se los apropia, bajo la presunción de que en Internet, como en los territorios sin dueño, todo es propiedad de quien lo necesita para sus fines.

Parecido a este condicionamiento mental es el que Castells describe: “se trata de un sentimiento personal de pérdida de control, de aceleración de nuestras vidas, de hallarnos inmersos en una carrera sin fin en pos de una meta desconocida.” Esta pérdida de control es el punto de partida de numerosos dilemas éticos y el ambiente propicio para privilegiar la acción sobre la reflexión, condición en que las decisiones éticas son más difíciles.” Explica Graham, “un concepto de la moral como algo ligado a la acción es una distorsión y una aberración.”

Los volúmenes oceánicos de información que abruman al receptor con la idea de que, puesto que es imposible abarcarlo todo, limitémonos a lo más llamativo y evidente, la evidencia de las múltiples iniciativas en marcha, de las incontables acciones en desarrollo, puede ser un llamado a la resignación y a la mediocridad, que se oponen al reclamo ético de la búsqueda de la excelencia.

Recibida como una ventaja, la velocidad de Internet también es punto de partida para conflictos éticos. Reflexiona Cebrián: “Los cambios fundamentales de la nueva sociedad de la información vienen determinados por la velocidad a la que se produce. La velocidad es una constante. La velocidad imprime un ritmo a la toma de decisiones vecino a la improvisación, cuando no al atolondramiento.” El mal, desde luego, no es de ahora ni atribuible solo a internet. Cualquiera que haya estado en una redacción sabe que allí se da una batalla constante contra el tiempo y que las bajas más frecuentes en esa batalla se dan en las filas de la verdad o de los derechos de las personas. Internet ha acelerado el sentido del tiempo y ha creado la ilusión de que es posible pisarles la sombra a los acontecimientos sin necesidad de la desaceleración necesaria para la reflexión. Consumir tiempo, ese recurso de la naturaleza humana que no es renovable y que es siempre escaso, para confirmar un hecho, o para entenderlo, o para ser justos, es siempre el resultado de una decisión ética.

Las condiciones creadas por Internet han dado lugar a la aparición de un nuevo ejemplar humano que George Devereux llama los esquizoides a los que describe como esos “seres impersonales en sus relaciones humanas, de fría objetividad, como ideal científico, indiferentes en lo afectivo y aislados en las grandes ciudades, fragmentados en sus comportamientos diarios, sin sentimientos ni compromisos en el mundo social, incapaces de tener una verdadera personalidad.”

Pienso, quizás con el ingenuo entusiasmo por mi profesión, que los periodistas estamos vacunados contra esta esquizoidia, dado el lugar que ocupa el Otro en nuestro trabajo. El es la razón de ser, el alma de nuestro oficio. Sin embargo, la aberración es posible y se convierte en un conflicto ético la relación con el otro. Mientras él sea el fin del ejercicio profesional, mientras todo se subordine al interés y conveniencia pública, el periodista no caerá en la indiferencia y frialdad glacial de los esquizoides.

Detrás de la brecha digital se descubre un conflicto ético de equidad y de relación con el otro.

Así como es excluyente la idea común en los medios sobre la absoluta representatividad del universo de las encuestas, constituido por los que tienen teléfono para decir sus preferencias políticas, o de consumo, o de sintonía de la televisión, también lo es la idea de mirar la sociedad como un inmenso café internet en donde todos reciben y se expresan por medio de Internet. Es necesario reconocer que en el mundo hay dos clases: la de los info-ricos y la de los info-pobres. Vuelvo a Graham.” Las oportunidades de empleo, de educción, de ocio y de bienestar para los info-ricos aumentan en forma casi exponencial; quienes quedan al margen contemplan cómo aumentan su marginación y alienación. La nueva estructura global del mundo determina a unos como amos y a otros como esclavos.”

Es una situación que replantea un viejo problema latente en los conflictos éticos del periodista: saber y ser consciente de la fisonomía del receptor, para mantener la vigencia de lo universal de la información periodística. Es la misma consideración que hace evidente el limitado alcance de los medios impresos cuando se los compara con la amplitud del auditorio de la radio y de la televisión. Son diferentes, y en qué forma, las actitudes éticas de quien se conforma con el medio exclusivo de los info-ricos, de la posición inconforme de quien siente que es su deber contribuir al cierre de la brecha que separa de los info-pobres. El rechazo de esa brecha, determina actitudes de la misma manera que el repudio militante de la miseria, de la violación de los derechos humanos, de los crímenes o de las exclusiones. El buen periodismo, lo sabemos, no lo hacen los pasivos ni los resignados.

La rebelión contra lo existente, la convicción de que todo lo real debe ser cambiado, también cuentan frente a Internet y determinan dilemas éticos. Sobre todo, porque como señala con severidad Graham. “la crítica contra Internet será que no puede proveer una base adecuada para la vida moral. Conforme los individuos van creando más relaciones en Internet, el mundo en el que entran es el de la anarquía moral.” Ese mundo tiene que ser sometido a crítica, sus dogmas tienen que ser llamados a juicio. Es decir, la tarea del periodista en este medio, lo mismo que en cualquier otro, es la de humanizar a través de la información. Esta es, quizás, la actitud ética más radical y que puede liberar al periodista del desbordamiento de la tecnología y a la sociedad de la servidumbre de un nuevo poder.

 

Fuente: http://asppro.org/articulos/283-iuna-etica-periodistica-nueva.html

Vía: Prensa CNP Caracas

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