Pandemonium en la televisión nacional

Por: Irene Sarabia M. (irenesarabiam@gmail.com)

Tal vez, algunos han olvidado un hecho que ocurrió hace cuatro años. Justo cuando varios se reunieron para celebrar una desgracia y otros apagaron los equipos de un canal, bajo el llanto de quienes allí laboraban. Así se apagó la señal abierta de Radio Caracas Televisión (RCTV). 

RCTV fue por casi medio siglo la televisora preferida por excelencia para el público venezolano. Su nombre es, y seguirá siendo un referente en la historia de los medios nacionales, pues su aporte y contribución a la difusión de la información y el entretenimiento ha sido inconmensurable. Difícil olvidar quien ha estado en tantos momentos cruciales de la historia venezolana.

En sus pantallas conocimos las primeras transmisiones a color, vimos nacer tantas novelas que son leyenda, el primer y más visto noticiero venezolano, El Observador Creole, referente de trabajo para los informativos actuales; entre otros programas de entretenimiento. Momentos que serán inolvidables, así como su partida de la señal abierta.

¿Y qué paso después del cierre?

Evidentemente, fue un alivio para la competencia de RCTV, que el canal de Quinta Crespo se despidiera de su señal abierta, pues fueron incorporando en su programación habitual enlatados, por el afán de conseguir mayores niveles de rating; generando así una programación vacía y que dista bastante de dos de las mayores virtudes que demanda la sociedad venezolana: los valores, el rescate y mantenimiento de la idiosincrasia nacional.

No es posible que la televisión de un país pionero en realización de dramáticos, donde se realizaban hasta cuatro producciones de novelas simultáneamente, actualmente se haya reducido a la realización de una producción dramática por año.

Este fenómeno, se ve incrementado por las restricciones que establece la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, también conocida como Ley Resorte. Que si bien busca favorecer la producción nacional, se ha traducido en un instrumento que ha generado un descenso en picada de la calidad de realización de programas con calidad venezolana.

Otras producciones nacionales

Si bien es cierto que en la actualidad existen otros programas en la televisión nacional, estos espacios parecen estar dirigidos a una franca distorsión del ejercicio de la comunicación social. No solo porque, se encargan en muchas ocasiones de difamar a personajes de la vida pública y el entretenimiento, sino que también van en contra del deber del periodista como agente que fomenta y mantiene valores.

En este punto es necesario preguntar, ¿son verdaderamente estas producciones los espacios más idóneos para el entretenimiento de los venezolanos? ¿Nuestra sociedad requiere de estos programas que colaboran con la difusión de un lenguaje soez, en horario todo usuario? ¿Qué será de nuestros niños, que se ven cada vez más bombardeados por la presencia de programas extranjeros? ¿Dónde queda nuestra idiosincrasia y el orgullo nacional?

Nuestra sociedad no debería ser participe, ni cómplice silente de que se siga transmitiendo ese tipo de programación en la grilla de los canales nacionales. Es importante como ciudadanos exhortar a los medios de comunicación a que cumplan con su labor; aunque sea más sencillo pagar la televisión por cable el futuro del rescate de los medios debe ser fomentado desde la bases del público nacional, quien debe exigir más que shows destinados a difamar y a crear opiniones viciadas, espacios destinados a la educación y el entretenimiento sano.

Los televidentes venezolanos no merecemos una programación que inculque antivalores, mucho menos hacer costumbre verla o sintonizar otros canales extranjeros en búsqueda de una mejor televisión. ¿Será casualidad que, según cifras publicadas en el site de Wikipedia, para al cierre del primer semestre del año 2008 en Venezuela se registró un pico de 1,2 millones de nuevos usuarios al servicio de televisión por suscripción?

 

 

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