El periodismo en los tiempos del cólera

Zeus Munive. Es curioso pero en los momentos de la transición, lo que ocurre con los medios de comunicación es una especie de estrés acompañado de estriñimiento y una loca ansiedad.

Se acabaron los caravaneos al “licenciado”, se terminó con la frase “el gobernador que es un gran operador”, se concluyó con las muletillas esas de “la gran sensibilidad de…” Ocurrió la fábula del perro que corre tras la llanta: una vez que la alcanza le deja de ladrar. Se le acabó el juego.

Los medios de comunicación locales entramos ya en otra dinámica, sin ánimo de señalar a nadie porque no hay héroes ni canallas, pero es digno para analizar. A muchos se les acabó el juego, el caravaneo -por gusto o por presión- al que se sometieron.

Seamos honestos desde hace unos cuántos años en Puebla se acabó con la credibilidad y la confianza en los medios. Cuántas veces nos ocurrió a los que nos dedicamos a esto que nos presentaran como periodistas y nos dijeran: “Usted es periodista… híjole pero ora no traigo dinero”; o lo peor, uno con pose de pavorreal en celo cuando te presentan y te dicen: “¿y dónde trabajas?”, “ah, es nuevo ese, verdad”. Tu colita de pavorreal se hacía pequeñita, pequeñita.

Los medios de comunicación carecemos de confianza y credibilidad porque nos alejamos de nuestros lectores y nos convertimos en cómplices y biógrafos del poder. O nos fuimos al otro extremo: hicimos turismo indígena y de pobreza que provocamos hueva al no saber conectarnos con el público.

Los políticos locales y los medios estamos alejados. Los escritos y electrónicos vivimos en una realidad alterna en esa de sólo de escribir para nosotros mismos, para que nuestros compañeros y los jefes de prensa se enteren cómo pensamos, no para que un ciudadano de a pie se entere y le generemos opinión.

Existe una razón para no conectar, para no observar qué es lo que quiere leer un ciudadano e imponerle nuestro robusto ego. Por eso ganó la oposición al PRI el año pasado. Por eso Mario Marín es uno de los ex gobernadores más detestados en la historia reciente de Puebla.

Raymundo Riva Palacio escribió en su libro La Prensa de los jardines: “La desinformación es un fenómeno inherente a la lucha por el poder. Se desinforma para moldear a la opinión pública y extender así las fronteras del dominio político. Es decir, la desinformación es el ejercicio de la mentira: se engaña para mantener el poder, llegar al poder o querer más. De lo anterior se desprende que la verdad nunca se ha llevado con la política.”

Y en estos casos los medios de comunicación han entrado desde hace muchísimo tiempo en la lógica de desinformar para poder moldear.

Por eso urge un cambio y una nueva conexión con los lectores, bueno, los que quedan.

 

Fuente: http://www.mpuebla.com/opinion.php?id=5223

 

 

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