Trayectoria Nelson Bocaranda

Nelson Bocaranda (por Faitha Nahmens)

bocarandaHay un puñado de periodistas veteranos que permanecen incólumes, con la pátina reluciente de la consagración que merecen. Sin embargo, uno de los consagrados que se desembaraza de la mitología criolla con su hiperkinesis casi infantil y su pasión intacta por el oficio en el que tiene toda la vida es Nelson Bocaranda, el de la memoria de prodigio y con lujo de detalles, el que conoce todo y a todos y a fondo, el que tiene antes que nadie las listas, los anuncios, las declaraciones, las decisiones, las cuentas, los yerros y los secretos ajenos.

Cual Victorinox, se ha manejado con éxito, recibiendo aplausos de la platea por igual en donde se ha desempeñado; recordar el manejo tan sobrado que hiciera en A puerta cerrada, espacio del que fuera el primer conductor. O si no oírlo en radio, donde usa el mocrófono sin sofisticación alguna, en tiempo real, hablando de tú a tú con el oyente de una noticia de la que sabe pelos y señales.

Siempre apurado, mientras lee algo refuta y reniega, mientras pide a producción un cable que viene a cuento. Su columna periodística está llena de verdades nada complacientes que en estos tiempos de cólera le han valido responsos y más, amenazas. El pareciera de hierro. Sensible que es, y con propensión a la risa, es su cara un relato completo. Pela los ojos, entorna los ojillos, señala con la boca, en fin, dice. Es que es un comunicador que bien destacado en la ONU o a cargo de un programa de entrevistas en Venevisión captará audiencia porque siempre se las sabe todas.

Viajero empedernido, lo que le ha permitido colocar sus antenas extrafronteras, es un hombre que sabe de vinos y vaivenes pero capaz de dejar una copa por la mitad si frente suyo pasa un político o un músico. También será geográfico porque es hijo de Italia Sardi y esposo de Bolivia Bottome. En realidad es un hombre que va contrarreloj, ágil y con los cinco sentidos despabilados, que se permite, encima, recopilar chistes -en una libreta tendría más de dos mil- y trucos de magia. Es que si no fuera mago no podría poner tantas presas a asar -nunca ollas, es un gourmet- sin que ninguna se le queme.

No sólo sabe y saben quién es sino que su blackberry es la envidia de los colegas. Es más bien un teléfono rojo en el que están todos los que están y son.

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