Gustavo Rodríguez Crónica

La torre de Yare. Foto cortesía de Fernando Sánchez

La torre de Yare. Foto cortesía de Fernando Sánchez

Título de la Crónica: El Sepulcro de los Vivos queda en Yare

Autor: Gustavo Rodríguez

Medio: Diario El Universal

Fecha de Publicación: 10 de mayo de 2009

Sinopsis: La crónica hace referencia a más de 1300 reclusos que sobreviven en el penal de Yare II, situado en los Valles del Tuy. Ahí los internos se ven sometidos a diario a violaciones de sus derechos humanos; sin embargo, el Estado hace poco o nada por impedir que a diario mueran los internos.

El Sepulcro de los Vivos queda en Yare

Los reclusos de dos penales se enfrentan para así poder sobrevivir

La única opción que tuvo para esquivar a la parsimoniosa muerte que lo apremiaba fue compartir la camilla donde trasladan a los cadáveres con el tronco del decapitado recluso.

“A este lo descuartizaron por mirón y a ese lo tirotearon por andar atravesado”, dijo uno de los guardias al arribar a la morgue del Hospital Central de Los Valles del Tuy. Jorge Luis Morales fue esposado en el área de emergencia mientras que a su compañero de viaje lo ubicaron en una bolsa de basura.

Antes de drenarle la necrotizada pantorrilla, el enfermero le preguntó al demacrado interno por qué lo llamaban “Jorge 40”. El alistado que lo apuntaba interrumpió para explicar que lo bautizaron con el seudónimo del ex comandante paramilitar colombiano porque se trataba del herido número 40 de la guerra que mantienen los presos de las cárceles de Yare I y Yare II.

El proyectil que le gangrenó la piel y parte del músculo al preso número 40 también alcanzó al recluso Pedro Oscar Ramírez Rivas, de 21 años de edad.

“Se cayó, no pudo correr y lo decapitaron. Por mirar a una mujer desnuda le costó la vida, era la del jefe”, contó el paciente. Horas antes los Bomberos de Miranda habían retirado del penal los cadáveres del soldado Eudys Armando Arrieta Valera, de 21 años y los de otros tres reclusos.

“Cada vez que hay una francachela como esta (la que se registró a comienzos de esta semana en el Internado Judicial de Yare) hay muertos. Entraron más de 300 mujeres. Ahora en casi todos los penales el Gobierno permite las pernoctas cualquier día de la semana. Un preso serio no acepta eso porque es una cana doble. Jamás permitiré que la madre de mis hijos esté aquí. Ni siquiera tenemos agua potable. No hay higiene ni agua para lavarse”. Se refería a la medida gubernamental que, según este reo, oprime y subyuga al interno y a sus parientes.

“Esto es una tentación para el preso que no tiene visita. Institucionalizan la prostitución y con eso mantienen una aterradora calma. Ahora el preso tiene lo que quiere: drogas, armas, licor y mujeres. Alguien tendrá que recobrar la autoridad. El fin de la pena así no se cumple”, dijo “Jorge 40”.

El herido rechazó ser cualquier delincuente. Contó que mató a un hombre que violó a su hija y el Estado no lo castigó. “Estoy aquí en el sepulcro de los vivos, soy un muerto sin sepultura”. Cree que en cualquier momento va a estallar un motín de dimensiones incalculables porque los “pranes” o los jefes de ambos penales (Yare I y II) están dispuestos a quedarse con el ilícito negocio del licor, las drogas y las armas. Ahora la prostitución se agrega al explosivo coctel y para ello aplicarán “el código de la pólvora”.

Todos los déficit El pasado año el Gobierno decidió remodelar la penitenciaría de Yare II y remitió a todos sus internos a Yare I. Desde entonces la Guardia Nacional no ha vuelto a realizar otra requisa. Yare II fue construida para albergar a 750 reos, pero en la actualidad su población es de 1.300. Todos pelean hasta por respirar.

Estándares internacionales dicen que debería existir un vigilante por cada diez presos. Es decir en Yare I se requieren 130 custodios, pero en realidad sólo existen seis. La GN se limita a sofocar los motines con tiros y los reos le responden con la misma medicina. Los proyectiles horadan las garitas y paredes de los pabellones como el cuajo fermenta la leche.

Pocos se atreven a pernoctar en la Torre de Reclusión porque en los pisos 4 y 5 se encuentran apiñados los más sanguinarios criminales de Yare II, quienes están sindicalizados con la banda de “los Robapollos”, anteriormente denominados “los Tuyeros”. Desde la primera planta hasta el tercer piso están ubicados los homicidas de Yare I. Estos pertenecen a la cofradía de “Barrio Chino”, la menos numerosa, pero la más cruel.

Cada uno cuenta con su propio “Pran” que a su vez es su vocero ante las autoridades cuando estalla un conflicto.

Las áreas administrativas, talleres, teatro e incluso las oficinas de la dirección del penal están ocupadas por presos que otrora militaban en las casi extinguidas bandas de “los Petareños” y “los Evangélicos”.

“Jorge 40” contó que hace poco llegó un nuevo director que pretendió tratar de solucionar los conflictos y ordenó castigar a los reclusos introduciéndolos en una cloaca conocida como la “megaletrina”.

En la noche un comando armado ocupó los alrededores de su vivienda. Simultáneamente recibió la llamada de un “pran” para advertirle que navegaba por aguas profundas y tocaba intereses internos y externos.

Sobre su escritorio dejaron los recortes de periódicos que reseñaban los recientes asesinatos de los directores de los penales de Cumaná, la subdirectora del anexo femenino de Tocuyito y la masacre del director y subdirector de la cárcel de Santa Ana. Horas después renunció.

“Cada vez que hay un conflicto del Ministerio los llaman a ellos. Durante la huelga estuvo aquí el director de prisiones. Negoció y salió por televisión con los “pranes” y salieron por televisión”.

El pasado año se reportaron en Yare 44 homicidios, 40 heridos y apenas comenzaba la guerra. Los presos de ese penal poseen una medida de protección dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en 2006 que obliga al estado a protegerlos.

El primero de marzo de 1999 el presidente Hugo Chávez también se reunió con los jefes de las bandas de la cárcel de Yare. Llegó acompañado de los ministros Luis Miquilena y Alfredo Peña para anunciar el Plan Nacional de Desarme Carcelario. Desde entonces a la fecha en las cárceles venezolanas se han contabilizado 3.664 homicidios y 11:401 reclusos han resultado heridos. “Jorge 40” es uno de ellos.

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